Tras una jornada agotadora frente a la computadora, sentí que necesitaba un momento de desconexión antes de terminar el día. Decidí apagar las notificaciones del teléfono, agarre mi prensado francés favorito y elegí un café colombiano de tostado medio con notas a chocolate y avellanas. Se tomó el tiempo de moler los granos a mano, disfrutando del sonido crujiente y del aroma denso que comenzaba a desprenderse. Mantuve la infusión durante cuatro minutos exactos antes de bajar el émbolo suavemente. Me serví en mi taza preferida, caminó hacia el balcón para ver el atardecer y di el primer sorbo en total silencio. Minutos después, compartí una foto de la taza humeante acompañada de una reflexión corta: "Entre tanta prisa diaria, preparar tu propio café es el recordatorio de que siempre podés regalarte diez minutos para frenar y conectar con vos misma".